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Hola, Reader! Espero que estés muy bien. Hoy te dejo la ultima etapa de mi viaje por los Alpes en bici. Sin mucho más... aquí va: Me desperté con la primera luz del día filtrándose por la tela de la carpa. Eran las 6:45. Sin mucho más que pensar, empecé a empacar todo rápido. A las 8:00 ya estaba sobre la bici, rumbo a Riva del Garda. Último tramo real del viaje. Era extraño pensar que se terminaba. Y al mismo tiempo, me emocionaba saber que llegaba a destino. El camino hasta el lago fue sencillo, y a las 10:00 ya estaba en el camping. Una hora más tarde tenía la carpa armada y un cappuccino con cannoli de nocciola en la mano. Frente a mí, el agua del lago se movía con ritmo propio. A lo lejos, un kayak verde avanzaba sin rumbo claro. El viento comenzaba a agitar la superficie del agua, y un bote rojo con la palabra “Salvataggio” descansaba en la orilla, como símbolo de resguardo. Cerré los ojos y sentí que estaba en un final. No uno triste, sino uno merecido. Cuántos kilómetros. Cuánto esfuerzo. Cuántas imagenes que no entraban en la tarjeta de memoria de la cámara, porque ya estaban grabadas en otro lado. Ese mediodía me encontré con Matteo, un amigo italiano. Comimos un panini, fuimos a la playa, y conversamos. Volvimos al camping, y él armó su carpa, tomamos unas cervezas y cenamos pizza. Por la tarde salimos a caminar un poco al centro, y terminamos en una pequeña fiesta local. Bastante tranquila, sin mucho movimiento realmente. Volvimos al camping a descansar, sin apuro, como se dan las cosas que no necesitan esfuerzo para estar bien. Al día siguiente, me desperté con la lluvia. Y como el cuerpo también pedía descanso, lo escuché. Arrancamos la mañana y tomamos un café, fuimos caminando al centro y paseamos por la orilla del lago. A la hora del almuerzo comimos un plato de penne all’arrabiata. Y para aprovechar la tarde, salimos a pedalear por un sendero de bicis. Mi rodilla aguantó 36 km antes de pedir tregua. Al volver, pedimos otro café. Cenamos una pasta humilde, y una mujer serbia nos compartió una conversación breve. Un gelato de pistacchio e limone cerró la jornada. No se necesitaba mucho más. El 19 de agosto comenzaba el regreso. Amanecí a las 7:00, y antes de partir, medité mirando las montañas. Me costaba despedirme. A las 9:00 compartí un último café con Matteo. Salir de Riva de Garda en bici fue una subida intensa, que terminamos en 23 minutos. Un símbolo más, como si la montaña dijera “no te vas a ir tan fácil”. Nos despedimos en Rovereto, donde comimos un pollo con papas en la estación, con la mano, como hacen los que no tienen prisa. Matteo me ayudó a adelantar un tren gracias a su italiano, y me ahorre una hora! Gestos que no se olvidan. Esa tarde llegué a Bolzano. Un nuevo y ultimo camping, entre la bici por el empedrado e instalé la carpa abajo de un árbol. Una luna llena asomó detrás de las montañas mientras terminaba de leer el capítulo de un libro. La mañana siguiente comenzó a las 5:25. El amanecer fue increíble. Rayos dorados entre los picos. En la estación de tren me pedí un café filtrado y un croissant con crema. El último desayuno en tierra de montañas. Desde ahí, todo fue tránsito: trenes, estaciones, retrasos, conexiones. Innsbruck, Múnich, Hamburgo. Vi el atardecer desde la ventana del tren sobre los campos alemanes. Las nubes filtraban la luz como cortinas de teatro. Y aunque el cuerpo se movía hacia el norte, había una parte de mí que se había quedado allá, entre esos caminos. Reflexión final escrita en el tren de vuelta: Siento que estoy siguiendo mis sueños. Que a pesar del esfuerzo, del dolor físico, de las dudas, de las noches frías, de los caminos empinados… lo hice. Estuve ahí. Lloré al ver paisajes que alguna vez soñé. Lloré por haberme animado, y por haber hecho las fotos que tanto quería. Pero más que por las fotos, por haber estado ahi para poder hacerlas. Conocí personas interesantes, que de alguna manera dejaron su pequeña huella del camino, aunque fuera solo por unos minutos. Una mirada, una señal con la mano en la ruta, un “buen viaje” murmurado por un desconocido. ¿Cómo se traslada eso a una foto? ¿A un papel? No se puede. Solo se siente. Y después queda grabado. La montaña me atravesó. Removió cosas. Me devolvió serenidad. En una cascada solitaria, o en un campo remoto del norte italiano, lejos de cualquier lujo, me sentí yo. Me sentí completo. Y esa sensación, no se ignora. Sí, llegué a cansarme de armar y desarmar la carpa. Pero volvería a hacerlo una y mil veces por esos amaneceres donde el primer rayo de sol entraba como una promesa por la puerta. Por esas nubes abrazando cumbres. Por esa paz. Gracias por haber pedaleado conmigo durante todas estas etapas. Gracias por leer, por acompañar, por imaginarte la ruta en tu cabeza. Y gracias por estar del otro lado. Hasta la próxima aventura, Marcos 🏔️ Sígueme en mis redes sociales: Instagram: https://www.instagram.com/mreppettiph/ YouTube: https://www.youtube.com/@mreppetti Threads: https://www.threads.com/@mreppettiph Newsletter: https://marcos-reppetti.kit.com/posts Detalle de la ruta Komoot: Trento-Riva: https://www.komoot.com/es-es/tour/1794780915 Riva-Rovereto: https://www.komoot.com/es-es/tour/1800316604 |
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Hola, Reader! Te cuento cómo fué el día 1 en Aswán. Prepárate algo para tomar y aquí va: Me levanté un poco tarde… sentía el cansancio en el cuerpo después del largo día de viaje anterior, sumado a que durante la noche me cayó mal el sándwich que comí al llegar a la ciudad. Ya me habían avisado que esto podía pasar con las primeras comidas en África. Cerca del mediodía salí a caminar, sin rumbo. Primero bordeando el Nilo, por la vereda, pero hacía tanto calor que crucé para ir por la sombra....
Hola, Reader! Espero que estés muy bien. Este es el primer texto de la serie que voy a ir escribiendo sobre Egipto, viaje que realicé en 2023 junto a Ojo de Nómada (convocado como fotógrafo de su expedición) y que, de alguna manera, tardé en compartir. Era hora de contarlo ;) Tengo notas de todo el viaje, incluído el día del vuelo, que en un principio no lo iba a compartir, pero me parece interesante cómo se van formando los pensamientos y emociones en mí a medida que avanza esta experiencia...
Hola, Reader! Espero que estés muy bien! Hoy quiero contarte algo personal sobre mis comienzos editando fotos. Cuando empecé, en 2020, la edición fue una de las cosas que primero me atrajo. Había algo en el proceso que me daba curiosidad: esa sensación de transformar una foto y darle un toque artístico. No sabía ni siquiera composición, pero me importaba más la edición. Pero, sinceramente, no sabía lo que estaba haciendo. Miraba miles de tutoriales en YouTube, copiaba ajustes, tocaba sliders...