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Hola, Reader! Te cuento cómo fué el día 1 en Aswán. Prepárate algo para tomar y aquí va: Me levanté un poco tarde… sentía el cansancio en el cuerpo después del largo día de viaje anterior, sumado a que durante la noche me cayó mal el sándwich que comí al llegar a la ciudad. Ya me habían avisado que esto podía pasar con las primeras comidas en África. Cerca del mediodía salí a caminar, sin rumbo. Primero bordeando el Nilo, por la vereda, pero hacía tanto calor que crucé para ir por la sombra. En una calle encontré un mercado y me metí. Calles y más calles peatonales, con unos arcos de madera que tapaban un poco el sol, lleno de negocios de todo tipo: especias, ropa, frutas y verduras, más especias, souvenirs… y la misma cantidad de vendedores que de tipos de especias. El calor era agobiante. Nada que no haya experimentado antes, pero viniendo de Dinamarca, realmente lo podía sentir. Aún así me aventuré a caminar a lo largo de estos mercados, sacando fotos y filmando. Mucha gente me saludaba al sonido de "Welcome my friend, where are you from"… y claro que no faltaba el "¡Messi!" cuando les decía que era de Argentina. La gran mayoría de las veces abordándome para venderme algo, algo que por ahí resultaba molesto, pero a la vez es parte de la cultura y de lo que ellos viven. Así que lo acepté y siempre sonreí. El arma más universal que tenemos. Cuando sonreís a alguien y levantás la mano, simplemente todo se hace más simple. Cuando quise sentarme a comer en un restaurante, me acordé que no había cambiado plata, así que tuve que ir a buscar un banco. En el camino me pararon los “arbolitos” con turbante. Pero decidí de igual forma ir a un banco, por más seguridad, y por sugerencia de Momo. No tardé en encontrar uno. Lo que sí tardó fue la atención, y eso que no había tanta gente. Nuevamente me sentí en Tucumán. De todas formas pude cambiar dinero, y salí en búsqueda de algún restaurante. No había comido casi nada desde el vuelo, solo ese sandwich que había vomitado. Así que pedí un buen plato, el cual solo pagué 3,5€ con bebida incluida. ¿Cómo podía ser? Había sido muy rico, buena atención, y por ese precio. Lo mismo hubiera pagado 40€ en Dinamarca. Algo empezó a moverse por dentro ante esas diferencias abismales. Cuando terminé de comer llegó Momo. Me llevó a un café que solo un local podía conocer. Nos metimos por unas escaleras que a simple vista un turista no se mete, ya que parece la entrada a un edificio de departamentos, pero resultaba ser una galería con negocios. En el último piso, en su "mesa oficina" como él mismo la definió, tomé mi primer café turco. Espeso, puro, muy rico, con la borra en el fondo de la taza. Descansé un rato del calor, y cuando Momo tuvo que reunirse con una persona, decidí partir a conocer la mezquita El Tabia. Decidí caminar por los mercados nuevamente, sacando algunas fotos más y observando detalles que podían haberse pasado antes. En el camino, como de costumbre, se me acercaron varios niños, emocionados por ver un extranjero con cámara. Uno de ellos, celular en mano, me pedía que le sacara una foto. Y así lo hice. Pero después me pidió que se la enviara, y después de encontrar la forma de hacerlo, pude mandársela. Primero dudaba en enviarla por WhatsApp — dudaba en exponer mi número de teléfono — pero después dije, bah, ¿qué podía pasar? Fue el momento en que empecé a confiar un poco más en la gente. Después de todo, era un niño. Estaba híper contento: cuando la vio en su celular me dio automáticamente un abrazo y dos besos, al grito de "Thank you my friend!" Y me fui. Fue el momento en que solté la primera lágrima. La mezquita apareció de golpe, sin aviso. Entre edificios comidos por el tiempo y el polvo del desierto, sus paredes se erguían con una calma que contrastaba con todo lo que la rodeaba. Al llegar allí no tenía nada de cambio para pagar las 5 libras egipcias que salía la entrada, pero el tipo que estaba sentado casi en las afueras me dió el ok de subir igual. Tal como la imaginaba, como la había visto en películas. Amplio espacio, con adornos tallados en las paredes, colores dorados y blancos. El piso todo libre. Había dentro un grupo de turistas gringos. Estuve menos de 5 minutos y salí. Los monumentos religiosos no son lo mío. Crucé la avenida a ruido de bocinas de todo tipo y encaré una calle de tierra. Estaba caminando el corazón de Aswan. Casas con paredes rotas, niños jugando en las calles de tierra. Pequeños puestos de trabajo en “sucuchitos”, de toda clase. Carros verduleros con ruedas de madera. Me sumergí en ese ex mundo de faraones, ahora abordado por tuk tuks y gente sentada en la vereda. En el camino pasé por un mínimo puesto de trabajo: ahí estaba Amad, creo que así le entendí el nombre. Cara de loco, egipcio hasta los huesos. Trabajaba con unas máquinas de coser y tomaba su chai, que primero lo tenía escondido detrás de unas herramientas, y cuando le dije "Photo!" con la seña de la cámara, dijo "¡Yes yes! ¡Photo!" Y sacó su chai como por arte de magia, lo posicionó en un lugar estratégico, como si fuera el protagonista de la foto, y posó al lado. Me despedí y seguí caminando por las calles llenas de polvo y escombros entre subidas y bajadas. A visión de turista, toda esta descripción puede parecer “que lugar feo”… pero cuando sos viajero, pones el foco en otras cosas. En lo nuevo que estás conociendo. En la cultura. No pensas “éstas calles son horribles llenas de tierra”… pensás “estoy en una ciudad de África bordeada por el Nilo y frente al desierto del Sahara”. Y ese Marcos que al principio consultaba por celular si era seguro caminar libremente con la cámara, ahora lo vivía en carne y hueso, sumergiéndose en el corazón de los antiguos nubios, saludando con la mano a los vecinos y recibiendo sonrisas y un "Ahlan" - hola en árabe. Llegué al hotel muy acalorado, pero feliz. Me di una ducha rápida, descansé los hombros de la mochila y me preparé para ir a ver el atardecer. Había quedado con Momo en encontrarnos en su edificio y verlo desde su terraza, invitación de él. Accedí sin dudarlo, para conversar más con él y aprovechar las privilegiadas vistas que el señor Momo tenía desde su edificio. Mientras esperaba a Momo, crucé a la vereda con las barandas frente al río y comencé a sacar fotos. El atardecer fue increíble. El cielo se pintó de un naranja intenso, y se podían ver las siluetas de las falucas navegando Nilo arriba y abajo, las palmeras y las montañas del Sahara. Vi muchos atardeceres lindos… pero no sé si alguna vez vi uno con naranjas tan intensos. Los edificios se pintaron de ese color y la ciudad ganó un tono aún más monocromático. Las velas de las falucas y las palmeras dividían el crepúsculo, marcando dónde estaba el río, que perdió la tonalidad azul y ganó una anaranjada. Mi primer atardecer en África. Inolvidable. Resulta que Momo era bastante conocido en Aswan. Había compartido momentos con grandes creadores de contenido, como Luisito Comunica, Sam Kolder y Lethal Crysis (quien organizaba éste viaje con su agencia Ojo de Nómada - él junto a Sua, responsables de que yo esté ahí). Y ahí estaba yo ahora, compartiendo una birra con él en su terraza. Su primo, que había venido de Sudán, también nos acompañó. Para cerrar la noche, fuimos a comer a un restaurante que él conocía. Comí con vistas al río, un rico plato de pollo y verduras, y volví al hotel a dormir, a hacer backup de las fotos y descansar. Mañana me esperaba el templo Philae. Gracias por leer hastas aquí! La semana que viene, el Día 2: un templo milenario en medio del Nilo, un policía con un AK-47, y una bandera argentina ondeando en una faluca. Les dejo fotos de éste día: Si te gustó el texto y las fotos, compartilo con alguien que le guste leer! Saludos!! |
Suscribite y empezá a mirar el mundo de otra manera. Mails semanales.
Hola, Reader! Espero que estés muy bien. Este es el primer texto de la serie que voy a ir escribiendo sobre Egipto, viaje que realicé en 2023 junto a Ojo de Nómada (convocado como fotógrafo de su expedición) y que, de alguna manera, tardé en compartir. Era hora de contarlo ;) Tengo notas de todo el viaje, incluído el día del vuelo, que en un principio no lo iba a compartir, pero me parece interesante cómo se van formando los pensamientos y emociones en mí a medida que avanza esta experiencia...
Hola, Reader! Espero que estés muy bien! Hoy quiero contarte algo personal sobre mis comienzos editando fotos. Cuando empecé, en 2020, la edición fue una de las cosas que primero me atrajo. Había algo en el proceso que me daba curiosidad: esa sensación de transformar una foto y darle un toque artístico. No sabía ni siquiera composición, pero me importaba más la edición. Pero, sinceramente, no sabía lo que estaba haciendo. Miraba miles de tutoriales en YouTube, copiaba ajustes, tocaba sliders...
Hola, Reader! Espero que estés muy bien. Hoy te dejo la ultima etapa de mi viaje por los Alpes en bici. Sin mucho más... aquí va: Me desperté con la primera luz del día filtrándose por la tela de la carpa. Eran las 6:45. Sin mucho más que pensar, empecé a empacar todo rápido. A las 8:00 ya estaba sobre la bici, rumbo a Riva del Garda. Último tramo real del viaje. Era extraño pensar que se terminaba. Y al mismo tiempo, me emocionaba saber que llegaba a destino. El camino hasta el lago fue...