Un Trazo en los Alpes - Etapa 4 (Parte 2)


Hola, Reader!

Espero que estés muy bien.

En el texto de hoy te hago pasear conmigo en Dobbiaco. Este lago mágico en Dolomitas, donde pasé un día completo para descansar. Conversaciones al lado del lago, un paseo por el centro, el primer gelato italiano, y hasta un vino encontrado en la orilla!!

Vamos con el texto:

Lo normal es que en una zona montañosa, por la mañana esté fresco. Y ese día no era la excepción. Salí de la carpa en short y remera a las 7:15, y sentí la brisa susurrando un “buen día”.

Agarré la cámara y caminé hasta la orilla del lago. La niebla descansaba sobre el agua, cubriendo la orilla opuesta, como si no quisiera dejar ver del todo lo que había detrás. Era una escena de película. Silenciosa, que hablaba sin decir nada.

Sin prisa, como debe ser en un día de descanso, rodeado de esa naturaleza, empecé mi ritual, y me arme unos buenos mates. Me crucé con la señorita M, quien me invitó a sentarme con ella a desayunar en una mesita que había ahi cerquita en la zona de carpas.

Pegamos buena onda, como decimos en Argentina. Todo fue simple. Conversamos sin esfuerzo, como si nos conociéramos de antes. Como si ambos supiéramos que esos cruces breves, cuando uno viaja en bici, también forman parte del trayecto.

Fuimos caminando hasta el pueblo a comprar algunas cosas para lo que seguía. El sol estaba impecable, así que sumamos el primer gelato desde que crucé la frontera. Caminamos un par de horas, compramos un inflador —el suyo se había roto— y al volver nos sentamos un rato en la orilla del lago. Me metí al agua para enfriar un poco las piernas, y después cada uno siguió su tarde.

Aproveché para chequear las opciones de ruta que tenía por delante, y empezaron a aparecer las dudas. Mi rodilla no estaba nada bien. Mi idea original era ir a Cortina D’Ampezzo, un lugar icónico en Dolomitas, pasos de montaña de los que aparecen en revistas de ciclismo. Pero el dolor no me dejaba engañarme. No estaba para eso.

Otra opción era unirme a la ruta de la señorita M, que al parecer era un poco más accesible en términos de pendiente (o al menos eso creía yo), y dirigirme al siguiente destino que era Corvara in Badía, dejando de lado Cortina D’Ampezzo y el icónico Passo Giau y esa postal que venía esperando hacía tiempo.

También se me cruzó por la mente hacer algún tramo en bus. Pero mi orgullo fue más grande y decidí seguir pedaleando todo el viaje. Ya estaba dejando de lado lugares que quería conocer. No quería dejar de pedalear.

Estaba escribiendo mis notas y analizando la rutas a la orilla del lago, cuando fuí interrumpido por una pareja. Se los notaba inquietos y empezaron a “hurgar” en el agua. De pronto, sacaron un vino de la orilla del lago, y todo fue risas. Solo faltaba encontrarme un vino en el lago para coronar la tarde de manera absurda.

Decidí darle un descanso a la mente y me fuí a dar una ducha.

De alguna manera sentía ansiedad por lo que venía. No se si tenía miedo, o qué. Pero ese era el sentimiento que me invadió aquella tarde. Y la mejor decisión que tomé fue ir a caminar por un sendero que rodeaba las aguas de Dobbiaco.

El sendero que rodea el Lago Dobbiaco es corto pero precioso. Ideal para desenredar pensamientos. El aire puro, el silencio, el verde… Todo ayudaba. En un momento, no muy lejos, un ciervo cruzó el sendero y se perdió entre los árboles. Me quedé quieto. Respiré. Vi a una señora de campera verde y pelo rubio tirándole pan a los patos en el agua. Por un rato, todo volvió a estar en su lugar.

Al volver al camping, la escena había cambiado. Varias personas en bici estaban llegando, buscando un lugar para dormir. El campamento era un pequeño universo que mutaba cada día.

Nos encontramos con la señorita M para comer unas pastas frescas, ensalada y huevo. Nada sofisticado, pero bien recibido. Decidí seguir su ruta al día siguiente. No tenía muchas más opciones, y lo único que pedía era que mi rodilla aguantara. Al mismo tiempo, me costaba la idea de sumarme a su plan, ya que no quería interrumpir su viaje. Porque también sabía lo especial que es viajar en soledad, con el viento y tus pensamientos como únicos compañeros.

Cayó la noche y era momento de ir a descansar para la siguiente etapa.

El pronóstico daba lluvia por la tarde, por lo que si queríamos lograr finalizar bien el trayecto, debíamos arrancar temprano. Era un sendero de mountain bike, pero en ese momento no me imaginaba lo que se venía. Y si, sin lugar a dudas este fue el segundo tramo más duro de todo el viaje, que lo voy a desarrollar en la siguiente etapa.

Gracias por pedalear conmigo un día más. Nos vemos la próxima.

Y como siempre, si te gustó esta historia, podés compartirla o si queres podes escribirme si queres saber algo en particular.

Las fotos del lago y del día de descanso están al final de este mail.

Marcos.

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