Un Trazo en los Alpes - Etapa 5 (Cruzando un camino de Mountain Bike)


Hola, Reader!

Espero que estés muy bien. Hoy vamos a pedalear (y a empujar un poco la bici) por un sendero de montaña.

Luchas internas y dolores en el cuerpo. Pero eso era también parte del viaje! Espero que te guste :)

Empezamos temprano. Eran las 6:20 y la carpa transpiraba rocío. El día recién empezaba, pero el pronóstico ya nos corría de atrás. Decía que por la tarde llovería, y teníamos un buen tramo por delante. Uno de esos tramos que no sabés bien qué esconden, pero intuís que no va a ser fácil.

Desayunamos algo rápido con la señorita M. El cielo todavía estaba limpio, y eso alcanzaba. Guardé todo en las alforjas, agradecido de tener las Ortlieb para meter los trapos mojados sin pensarlo mucho. A las 8:20 ya estábamos pedaleando. Miré el lago por última vez, apenas de reojo. No hacía falta más. Ya me había dejado su marca.

La rodilla dolía menos, pero seguía ahí, recordándome que no iba a desaparecer tan fácil. Empezaba a aceptar que ese sería mi compañero hasta el final del viaje. No era bienvenido, pero tampoco iba a quejarme todo el tiempo.

La primera parada fue en Tre Cime di Lavaredo. Desde el mirador, a lo lejos, esas agujas icónicas asomaban entre el cielo y las rocas. Uno de los sueños que tenía de ver en Dolomitas. Me hubiera encantado frenarme y hacer el trekking. Pero en esta oportunidad era imposible.

Seguimos avanzando. De a poco el sendero se volvió piedra y tierra. La ruta se había convertido en un verdadero camino de mountain bike. Subidas empinadas, curvas cerradas, ripio.

A los 20 km sentí un ruido raro en la rueda trasera. Frenamos. Una de las correas que sostenía el bidón de combustible se había soltado y se metió en el disco de freno. Al ver el enriedo, algo dentro mío se trabó también. Como si en ese momento el día girara un poco. Como si todo empezara a ir en contra.

Quizás era eso: el cambio de ruta, el cansancio acumulado, el dolor. No me sentía listo para ese camino. Pero ahí estaba.

M decidió seguir su rumbo, como debía ser. Me quedé solo unos minutos, pensando. Casi hasta me irrité un poco. Pero intenté calmar la cabeza y pensar en soluciones. Podía tratar de arreglarlo, o caminar hasta una ruta, tomar un bus y buscar un mecánico. Descarté esa última. No tenía ni la energía, ni las ganas. Y además, no quería salir del camino.

Saqué los bolsos, me acomodé lo mejor que pude, y con mi Opinel empecé a cortar la correa despacio. Era de plástico duro, y un pedazo se había incrustado entre el disco y el cuadro. Respiré hondo. No me gusta decirlo, pero creo que fue uno de esos momentos donde te das cuenta lo mucho que podés lograr con paciencia.

Después de un rato, el plástico cedió. Lo saqué. Sentí un alivio enorme. Volví a armar todo y seguí pedaleando, esta vez solo. El bosque me devolvió un poco de aire. Pero pronto llegaron las subidas.

Y no cualquier subida. Piedra suelta, pendiente fuerte, y la bici de 40 kg que no se empujaba sola. Tenía que bajarme y empujarla. Sentía el dolor en la rodilla claramente. Pero también algo adentro me empujaba a mí. Quizás era la terquedad, quizás la emoción de estar ahí, en uno de los paisajes más soñados que había visto.

La subida a Grossglockner parecía todavía susurrarme al oído: -"no te vas a recuperar tan fácil”

Y sin embargo, seguí.

El camino era un poco difícil, pero el entorno parecía sacado de una película. Piedras, abismos verdes, cielos increíbles. Creo que se me hizo más difícil por una cuestión mental, y por lo que venía acumulando de los últimos días.

De vez en cuando, podía pedalear. De vez en cuando, empujaba. A veces puteaba un poco, para que vamos a mentir. Otras, me sorprendía pensando en lo feliz que era de estar ahí.

Me crucé con ciclistas y senderistas. Saqué algunas fotos. Y más de una vez me pregunté qué carajo estaba haciendo ahí.

Pero no dejé que esa pregunta eche raíces.

Llegué a un valle. Inmenso, verde, abierto. Irreal. Había vacas, un refugio, montañas de fondo, pasto y hasta un lago. Intenté disfrutar, y estar lo más consciente posible de lo que estaba viendo. Dolía estar en el lugar soñado con el cuerpo un poco roto. Pero mas me hubiera dolido no intentarlo.

Más adelante, en un puente, me crucé con M nuevamente. No había otra ruta, era el único camino que se podía hacer. Intuí que quería seguir sola, y la entendí. Yo también sabía lo especial que es viajar en soledad. Nos saludamos y seguimos cada uno su camino. Luego, quizás, nos veríamos en el camping.,

La bajada hacia Corvara fue… distinta. Complicada.

El sendero era muy empinado lleno de piedras. Intransitable en bici. Tenía que bajarme y alzar la bici. A veces la sostenía como podía. Cada paso era un pinchazo en la rodilla, y no exagero. Pero no había opción. No había desvíos. Era eso o nada.

Y lo hice.

Creo que en ese tramo vi los paisajes más lindos de todo el viaje. Estaba en el corazón de Dolomitas. No paraba de repetirlo en mi cabeza mientras avanzaba sobre ese sendero de montaña.

La bajada fue larga. Muy larga.

Cerca de Corvara, el cielo empezó a cerrarse. Ya había aprendido que las mañanas son soleadas en las montañas, pero las nubes llegan por la tarde, como si vinieran a cobrarse algo.

Llegué a eso de las cinco de la tarde. Paré en un súper a comprar comida. El pueblo era turístico, con movimiento.

Fui al camping y me dieron **el último lugar** para carpas. Una suerte inmensa. Empecé a armar la carpa justo cuando empezó a llover. Tuve que hacerlo rápido. Por suerte, esos videos viejos de YouTube sobre cómo armar una carpa bajo la lluvia me sirvieron al fin de cuentas, ya que logré armar todo sin mojarme.

Me tiré en el piso, en silencio. Afuera, olor a pasto mojado.

Me duché. Volví a la carpa. Abrí la lona y me quedé mirando la montaña frente a mí. Estaba extenuado, pero nuevamente en paz.

Cené algo simple. Me puse a escribir y después a leer. Y cuando los párpados cayeron, cerré el día como se cierran los buenos días: agradeciendo.

Ya sabía cómo iba a seguir al otro día. Pero esa historia, la dejo para la próxima.

Gracias por acompañarme una etapa más.

Las fotos de este tramo (y del valle que menciono) las vas a encontrar al final del mail.

Como siempre, si querés escribirme, responder o compartir esta historia, estás más que invitado/a.

Hasta la próxima!!

Marcos.

Sígueme en mis redes sociales:

Instagram: https://www.instagram.com/mreppettiph/

YouTube: https://www.youtube.com/@mreppetti

Threads: https://www.threads.com/@mreppettiph

Newsletter: https://marcos-reppetti.kit.com/posts

Koomot de esta etapa: https://www.komoot.com/es-es/tour/1785580110?share_token=aBPHW2BAhoRBx1LP6s7wbotq33sLITHu1tLmq6aqsJ549ENm4h&ref=wtd

Buena semana!

Fotografía con Intención

Suscribite y empezá a mirar el mundo de otra manera. Mails semanales.

Read more from Fotografía con Intención
Egipto. Entre el Nilo y el Desierto: Diario de un fotógrafo

Hola, Reader! Te cuento cómo fué el día 1 en Aswán. Prepárate algo para tomar y aquí va: Me levanté un poco tarde… sentía el cansancio en el cuerpo después del largo día de viaje anterior, sumado a que durante la noche me cayó mal el sándwich que comí al llegar a la ciudad. Ya me habían avisado que esto podía pasar con las primeras comidas en África. Cerca del mediodía salí a caminar, sin rumbo. Primero bordeando el Nilo, por la vereda, pero hacía tanto calor que crucé para ir por la sombra....

Egipto. Entre el Nilo y el Desierto: Diario de un fotógrafo

Hola, Reader! Espero que estés muy bien. Este es el primer texto de la serie que voy a ir escribiendo sobre Egipto, viaje que realicé en 2023 junto a Ojo de Nómada (convocado como fotógrafo de su expedición) y que, de alguna manera, tardé en compartir. Era hora de contarlo ;) Tengo notas de todo el viaje, incluído el día del vuelo, que en un principio no lo iba a compartir, pero me parece interesante cómo se van formando los pensamientos y emociones en mí a medida que avanza esta experiencia...

Hola, Reader! Espero que estés muy bien! Hoy quiero contarte algo personal sobre mis comienzos editando fotos. Cuando empecé, en 2020, la edición fue una de las cosas que primero me atrajo. Había algo en el proceso que me daba curiosidad: esa sensación de transformar una foto y darle un toque artístico. No sabía ni siquiera composición, pero me importaba más la edición. Pero, sinceramente, no sabía lo que estaba haciendo. Miraba miles de tutoriales en YouTube, copiaba ajustes, tocaba sliders...